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  • SIERRA DE ANCARES, HISTORIAS RECIENTES.

29 Jun, 2012 galiciaunica 41 Comentarios Actualidad

EL UMBRAL DEL CIELO ES VERDE

           La montaña es verde. Y el valle y la tierra que rodea la casa de la aldea pequeña. Galicia es verde. El verde aparece sobre el otro verde a medida que cambiamos de escenario.

           Y claro, en verano, todo es verde cuando seguimos el curso del río camino de la cumbre donde nace. Esta vez quiero que vengas conmigo para procurar el agua limpia de la sierra.

           ¿Te vienes  a Ancares? En primer lugar te abro las puertas…

            Entre la alta montaña y el valle, entre las fragas y las fervenzas,  la sensibilidad del hombre mantiene viva aquella aldea vieja, de casas de piedra y tejados de pizarra, en la que aún se escuchan dulces acentos.

            Es el paisaje que ya ves cuando  atraviesas las tierras de prados asentados entre los valles profundos y las altas cumbres, que beben agua de cien torrentes,  combinando un mosaico estético de extraordinario valor natural, con un cromatismo muy especial, el de los árboles de ribera.

           La puerta principal que da acceso a todo esto y a mucho más se abre en Becerreá, villa a la que dicen “Umbral de Ancares”, además de capital municipal de un extenso y bello territorio de la montaña lucense.

  

        La otra puerta es la que, desde Navia de Suarna, te conduce al valle bonito, el  del Rao, uno de los más espectaculares entornos naturales de las montañas que te hablan de los iniciáticos cataclismos geológicos. El agua es aquí el espejo de la sierra, porque nacen mil torrentes en las cumbres, de las que descienden rumorosos,  cantarines y hasta trepidantes, cuando lo hacen en cascada.

         Estos ríos conocen el sendero pizarroso de la cumbre, saben donde anida el urogallo, por donde camina el oso,  dan de beber al corzo libre y riegan el acebo centenario que se oculta entre la frondosidad del bosque.

        El agua siempre marca los senderos; y también escribe legendarios relatos imaginarios que el viajero cree leer en sus espejos.

      Te cuento su historia más reciente.

      Allá por los años sesenta se hablaba de Ancares como zona deprimida, donde el frío cortaba hasta las palabras y el bocio era el mal endémico de los pocos niños que nacían en estas montañas, todos con vocación emigrante.

      Entonces, a Piornedo –ahora pueblo de interés turístico- se llegaba a pié o a caballo, a través de un estrecho sendero que bordeaba la montaña verde.

      Esta misma ruta se convirtió primero en camino de carro, luego en pista forestal y desde el verano del 1980, en una serpenteante carretera de montaña para viajar despacio y admirar el territorio más interesante de Galicia. Es la misma que aún se utiliza hoy en día.

       De esa época es también el confortable albergue de Degrada, donde los pocos montañeros de los sesenta montaban su campamento base para llegar a lugares tan hermosos como la Campa da Braña, los Tres Obispos, el Mustallar o el pico Cuiña.

       Y a pueblos bellísimos como Moreira, Mazo, Poso, Pando, Castelo o Suarbol, cuyos habitantes más viejos recordarán contigo días de nieve y las largas “invernías”, incomunicados de una sociedad que ignoraba su existencia.

       Con aquella carretera y la nueva década llegó a Ancares la concentración escolar y la Escuela de Piornedo se convirtió en centro cultural.

      Aunque Cervantes es cabecera municipal, a Piornedo se le consideró siempre la referencia más urbana de la sierra. Por eso es la aldea más visitada, la prerromana y la de más alto valor histórico.

       Esta carretera,  trajo a Piornedo el turismo y Manuel, que retornó de Barcelona, abrió su Hostal. La carretera se prolongó hasta Suarbol y luego se comunicaron todos los pueblos con los de Navia de Suarna.

       Y José Amigo, el último niño que asistió a las clases de aquella monja maestra de inolvidable recuerdo para él, es ahora el guarda que preserva este patrimonio natural de valor incalculable.

       El Parque de Ancares y las pallozas de sus pueblos tienen un enorme atractivo y el valor arqueológico que le concede la historia.  Pero más valor tiene para mí la gran historia de unos niños que querían ver el mar.  Te la cuento.

         

     En los setenta hacíamos un programa de radio, “Galicia de Noite”, que se escuchaba en todo el País. Xulio Xiz, mi buen amigo y compañero, me hizo llegar una emotiva carta que se recibiera en Radio Popular de Lugo.

     La firmaban todos los niños de aquella Escuela de Piornedo y en ella pedían “ayuda para hacer una excursión,  puesto que nunca habían salido de su pueblo y soñaban con ver el mar”.

     Leí la carta en antena, recibimos mil llamadas de mis noctámbulos solidarios y… Aquellos niños con su maestra al frente, mi querida monja Manolita, no solo vieron el mar como soñaran,  sino que se alojaron en los cinco estrellas de entonces, comieron en buenos restaurantes, se pasearon en barco por las rías, viajaron en un lujoso autocar y en un tren de los de antes, subieron a un avión de Iberia… y fueron felices durante ocho días con sus correspondientes noches.

      Luego me mandaron una “carta-crónica” de la excursión y allá me planté, en Ancares, por primera vez, para pasar inolvidables días e interminables noches de radio, en las que aquellas gentes –entre otras, el entonces niño José Amigo– hicieron felices a un periodista y a sus muchos miles de oyentes.

      Conozco medio mundo, pero aquel viaje supuso una de las páginas más bellas de mi vida. Tanto, que guardo grabados algunos de los programas y los escucho de vez en cuando para recordar aquellos nombres de gente noble y hospitalaria que aún viven, los más, ahora más felices que entonces.

       Ancares es admirable y sierra mágica por naturaleza. Dicen que en sus entrañas aún habitan “los vigías del santo grial” de O Cebreiro; y por las montañas vagan los espíritus  de los galaicos “zoelas” y “albiones”, pueblos dominantes a los que debemos la creación de las aldeas prerromanas, que hemos visto en casi todas las laderas de las altas cumbres de la sierra.

       Todo el territorio nos asombra… Pero, por las razones que te daba,  serán esos escasos lugares que aún se cuelgan de la gran montaña, lo que más nos impresione de este paraíso verde, el umbral del cielo.

       De Ancares te quedarás siempre con la  grandiosidad habitada por unos pocos, donde hasta el perro viejo es capaz de disfrutar la vida en calma.

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